sábado, junio 06, 2026

El cumpleaños de Julián

 

En el cumpleaños número cincuenta de Julián, productor ganadero de Yerba Buena, se reunieron médicos prestigiosos y terratenientes de Salta, Tucumán y el Chaco. Fui el único salteño entre los invitados. Cuento aquí, parte de esa noche de celebración desde adentro: las conversaciones de campo interrumpidas por brindis, la grieta política convertida en chiste afectuoso, los hermanos que declaran su lealtad con la guardia baja. Una escritura íntima sobre los vínculos que se construyen en el monte y se celebran en la ciudad, sobre lo que significa ser recién llegado aunque la familia lleve un siglo en la tierra, y sobre esa clase de fiestas donde lo que se festeja no es solo una edad sino una red de personas que eligieron, de distintas maneras, seguir cerca.

LOS CINCUENTA DE JULIÁN

Apuntes de una noche en Yerba Buena

 


I. El tarjetón negro

Un par de semanas antes de la fiesta, Julián me mandó la invitación por WhatsApp. Era un tarjetón sobrio, negro, sin adornos innecesarios. El tipo de cosa que uno no tira al montón de mensajes sin leerlo bien. Algo en ese rectángulo oscuro me dijo que tenía que estar.

Fui el único invitado de la zona donde ambos tenemos campos. El único salteño en la fiesta. Eso tiene un peso particular, aunque uno no siempre sepa explicarlo con palabras. Significa que te ven de otra manera. Que no sos simplemente alguien que vive cerca, sino alguien con quien se comparte algo más difícil de nombrar: un pedazo de tierra, una forma de mirar el horizonte, ciertos silencios.

Julián y yo empezamos a conocernos cinco años antes, cuando yo volví a la finca casi enseguida después de la muerte de mi padre. Él era por entonces un recién llegado en la región. Y yo, a pesar de que mi familia lleva más de un siglo criando vacas por ahí, era también, de alguna forma, un recién llegado. El duelo te pone en ese lugar raro: la tierra es tuya y sin embargo todo te resulta nuevo, o más pesado, o distinto. Julián estaba ahí, estableciéndose. Nos fuimos encontrando de a poco, como se encuentran los vecinos de campo cuando hay respeto mutuo y no apuro.

La fiesta en Yerba Buena era también, para mí, la excusa de cambiar un poco el aire. Revivir historias de Tucumán, algunas de casi cuarenta años atrás.

* * *

II. La casa como mapa

La casa de Julián en Yerba Buena es de esas que uno entra y en seguida sabe quién la habita. Esa noche estaba transformada: carpas en el jardín, luces cálidas, mesas con comida gourmet que hablaba de un esfuerzo real por recibir bien. Su esposa, se movía por todos lados con esa capacidad de estar en todos lados sin que se note que está en todos lados. Gestionando, suavizando, dirigiendo la mirada hacia donde hacía falta.

El mapa de los invitados era bastante claro si uno sabía leerlo. Por un lado, los médicos. Profesionales reconocidos, algunos con nombres pesados en Tucumán. Por el otro, los productores ganaderos y terratenientes de la región, algunos también del Chaco. Y Julián en el medio, que es exactamente donde Julián siempre está: siendo el punto de unión entre mundos que no siempre se rozan.

Eso es genial. No cualquiera sabe moverse con la misma soltura entre un urólogo de consultorio lleno y un productor que maneja quince mil hectáreas. Julián lo hace porque conoce los dos idiomas y porque, sobre todo, no pretende ser lo que no es en ninguno de los dos mundos.

Me presenté, saludé, tomé algo. El ruido de fondo era constante: voces que se superponen, risas, el sonido de los hielos en los vasos. Las conversaciones de estas noches siempre son así: fragmentadas, interrumpidas, llenas de comienzos que no terminan porque llega alguien más o porque el mozo pasa con una bandeja. Y aun así, en esos fragmentos, uno va armando el retrato de la noche.

* * *

III. Hablar de campo entre productores

En algún momento me enganché en una de esas conversaciones sobre ganadería que, si uno no es del palo, pueden sonar como en otro idioma. Pero para los que somos del palo son casi filosóficas, o al menos dicen mucho de cómo uno entiende la vida.

Entre la veintena de amplias mesas ratonas, esa en la que acomodé junto a conocidos de haber compartido antes en la finca de Julián; el tema recurrente esa noche era la tensión entre lo nuevo y lo viejo. La tecnificación contra la costumbre del puestero criollo. Y ahí me vi yo también, hablando de lo que ya conozco de memoria: que hay que meter disciplina, que las viejas formas de hacer no alcanzan más, que si uno no impone un orden productivo moderno la finca no rinde. Lo decía con la convicción del que tiene cien años de historia familiar en esa tierra, del que empezó desde el tatarabuelo y siente el peso de no dilapidar lo que costó tanto construir.

Al mismo tiempo, y esto es algo que me cuesta admitir del todo cuando estoy en el entusiasmo de la conversación, hay algo de esa vida criolla que uno extraña aunque no quiera. El caballo que sirve para trabajar en serio, no el animal fino que no aguanta un matorral. El puestero que sabe leer el monte aunque no sepa leer otra cosa. Hay un saber ahí que la tecnología no reemplaza completamente. La tensión no se resuelve; se negocia todo el tiempo.

En la mesa de los ganaderos había un sobrino de alguien —no recuerdo bien de quién— que manejaba una escala que a mí me resulta casi abstracta: quince mil hectáreas, seis mil vacas. Números que uno oye y que dicen algo sobre el éxito de una familia a lo largo de generaciones. Esa noche era el símbolo silencioso de que el campo grande puede funcionar si uno sabe hacer las cosas.

* * *

IV. La grieta, el humor y el arte de no pelear en una fiesta

Eduardo Nazar es urólogo o ginecólogo, no recuerdo bien. Lo que sí recuerdo es que yo, con una sonrisa que quería ser mala pero era completamente afectuosa, lo presenté como el médico kirchnerista del grupo. Casi se cae, dijo él mismo después, riéndose. Y la mesa se rió con él, no de él.

Eso es algo que en ese tipo de ambientes uno aprende a leer rápido: la grieta política existe, está en el aire, todos la sienten, pero hay una regla tácita que dice que no se va a permitir que arruine la noche. Sobre todo en el cumpleaños de alguien querido. Entonces lo que sucede es un ejercicio interesante: la ideología se convierte en chiste. Los que son de un lado le dan con humor a los del otro y viceversa, y eso que podría ser una pelea se convierte en una forma de decirse mutuamente que se toleran, que se quieren incluso, que el asado y la amistad están por encima de Milei o de Cristina.

Julián conduce ese equilibrio con una naturalidad que no sé si es aprendida o innata. Cuando una conversación empieza a calentarse de verdad, él redirige. Cuenta algo, pregunta algo, pone el acento en lo que une en vez de en lo que separa. No lo hace de forma calculada, o al menos no lo parece. Lo hace como quien conoce su casa y sabe qué puertas abrir.

* * *

V. Los hermanos

En un momento le pedí a Julián que me presentara a sus hermanos. Conocí al menor y al mayor en el mismo instante. El menor tomó la palabra y dijo algo que me quedó grabado, aunque no con las palabras exactas sino con el tono.

Dijo que su hermano Julián tenía los mejores amigos del mundo. Que eran amigos de campo, que eso tiene un valor que no se compara con nada. Y dijo también que cuidaba incondicionalmente a su hermano, que nadie lo toque. Lo dijo con esa mezcla de ternura y firmeza que uno sólo ve en los hombres cuando bajan la guardia de verdad, cuando el afecto les gana a la compostura.

Hay una lógica en eso que entiendo perfectamente porque es la mía también. Los vínculos del campo tienen una textura distinta. No son los amigos de la facultad ni los del barrio ni los del gimnasio. Son los que saben sin que vos les expliques qué significa perder un año de trabajo por una sequía o un alambrado roto. Son los que guardan silencio de la misma manera que vos. Por eso se los cuida como se cuida el rodeo: con criterio, con lealtad y sin hacer demasiado ruido.

El hermano menor decía todo eso con ese estilo oral que no necesita prolijidad para ser verdadero. Y era verdadero. Nadie en esa mesa lo dudaba.

* * *

VI. Cincuenta años y una red que se sostiene

Hacia el final de la noche, cuando ya habían pasado los brindis formales y la música estaba más baja, me quedé mirando el conjunto desde afuera por un momento. Como cuando uno se corre del centro de algo para ver la figura entera.

Lo que había en esa casa era una red. No es una palabra poética; es la descripción más precisa que se me ocurre. Una red de vínculos entre personas que se necesitan de formas distintas: para trabajar, para atenderse, para reírse, para recordar, para no estar solos en la empresa difícil de vivir en esta región y en este tiempo.

Julián cumplía cincuenta años. Medio siglo que, como el de cualquiera, es también el mapa de las personas que uno fue juntando en el camino. Los médicos y los productores compartiendo el mismo jardín no era una casualidad ni un capricho del anfitrión. Era la imagen exacta de quién es Julián y de cómo eligió construir su vida.

Yo era el único salteño, el único vecino de campo. Eso también decía algo. Que el afecto de Julián hacia mí tiene una especificidad, una historia que no comparte con el resto de los invitados. Cinco años de vecindad en el monte, de cruzarnos en el camino de tierra, de prestarnos atención sin necesidad de grandes gestos. Ese tarjetón negro que me mandó no era solo una invitación. Era el reconocimiento de que esa historia cuenta.


Volví a Salta con esa sensación rara pero buena de haber estado donde había que estar. Y con la certeza de que los cincuenta de Julián iban a quedar, para mí, como una de esas noches que pueden ser extraordinarias en el sentido espectacular de la palabra, pero que tienen el peso tranquilo de lo verdadero.


Fernando Pequeño Ragone

Salta, Junio de 2026



jueves, junio 04, 2026

MAMÁ NEGRA: Registro Clínico Familiar

 

MAMÁ NEGRA

Registro Clínico Familiar

Diagnóstico · Evolución · Alimentación

Salta, junio de 2026

 

I. Introducción: Una nueva ontología del cuidado

Hay una idea que la filosofía contemporánea ha comenzado a nombrar con renovada urgencia: la continuidad ontológica entre humanos y no humanos. Esta perspectiva nos invita a reconocer que los seres que comparten nuestra vida —animales, plantas, entornos— no son simples objetos de nuestra atención, sino sujetos con quienes construimos mundos comunes. Cuidar a Mamá Negra no es solo una obligación afectiva: es también un acto de reconocimiento de esa continuidad, una práctica que desdibuja la frontera entre quien cuida y quien es cuidado, entre el humano y el animal, entre la casa en la ciudad y la finca en el monte.

Esta es una de las noches templadas del otoño del mundo que yo quiero habitar. Ahí es donde se quedó Jonhy (ahora "flancito" segun quisieron llamarle en nueva casa). Es donde me quiero quedar con "Mamá Negra". 

Noche de luna en la represa de Los Pozos, Anta. 

El domingo 3 de mayo de 2026, partí desde Salta hacia Los Pozos llevando en el asiento de atrás a dos perros que Nora Jiménez me había confiado: Johnny —también llamado Juan— y Mamá Negra. Nora se había mudado a un departamento, sus hijos se habían ido a vivir a otras casas y ciudades, y ya no podía cuidarlos. Me los confió con la certeza de que encontrarían un lugar donde ser queridos.

El viaje fue intenso y emotivo. Al pasar por la rotonda de Güemes, con los cañaverales del ingenio San Isidro pasando a los lados de la ruta y la música de Richard Cocciante acompañando, sentí que había construido con ellos un idioma especial, una familiaridad que iba más allá de las palabras. Sentí la responsabilidad de ese cuidado como algo propio, irreductible.

Johnny se quedó en la finca, en Los Pozos. Allí está feliz junto a las vacas y la gente que lo cuida, en el ambiente que le es natural. Mamá Negra, en cambio, tuvo que regresar conmigo a la casa en Salta. Su estado de salud lo requería: necesitaba atención veterinaria continua, una dieta estrictamente controlada y la presencia cercana de alguien que pudiera seguir su evolución día a día. Desde entonces, Mamá Negra vive conmigo en la ciudad. Aquí registro de esa historia compartida.

 

II. Perfil de la paciente

Nombre:  Mamá Negra

Raza:  Mestiza (cruce de Doberman y Pastor Alemán / Ovejero Alemán)

Edad:  7 años

Peso al ingreso:  Aproximadamente 35 kg (con pérdida notable en los dos meses previos al diagnóstico)

Procedencia:  Confiada por Nora Jiménez; trasladada desde Los Pozos a Salta el 23 de mayo de 2026, 20 días después que la dejara para entender si podía adaptarse.

Lugar de residencia actual:  Casa en Salta capital, al cuidado de Fernando Ragone

Rocío es la médica veterninaria que atiende a "Mamá Negra"
y desde hace mas de diez años a todos mis perros y gatos. 

 

III. Cronología clínica

Momento del suero endovenoso.

A continuación se presenta la secuencia de eventos médicos relevantes en el orden en que ocurrieron, para que toda la familia pueda seguir la evolución de Mamá Negra.

Dos meses antes del diagnóstico (marzo 2026)

Comienzo del adelgazamiento progresivo. Pérdida de masa muscular y energía sin causa aparente visible.

27 de mayo de 2026 — Diagnóstico inicial

Se realizan ecografía abdominal y análisis de sangre completo. Los resultados revelan hepatomegalia severa (hígado muy agrandado), acumulación de líquido en el abdomen, bilirrubina críticamente elevada (28,60 mg/dL) y afectación menor de los riñones. El mismo día se inicia fluidoterapia endovenosa (suero). Desde el 26 que llegó de la finca y el 27 tuvimos días no laborables y un feriado.

28 y 29 de mayo de 2026 — Antibióticos endovenosos

Se administra Ampicilina Sulbactam 1,5 g (una ampolla por vía endovenosa, un día cada uno). Se continúa la fluidoterapia. El antibiótico actúa para frenar cualquier proceso infeccioso activo en el hígado y prevenir una infección grave en el líquido abdominal.

2 de junio de 2026 — Paracentesis

Se extrae el líquido acumulado en el abdomen mediante jeringa y catéter (paracentesis terapéutica). El procedimiento alivia la presión sobre el diafragma, mejora la respiración y el confort general de Mamá Negra.

4 de junio de 2026 — Control de evolución

Control veterinario programado para evaluar la producción de líquido abdominal, la evolución de los parámetros clínicos y definir los próximos pasos del tratamiento.

 

IV. El diagnóstico: qué le pasa a Mamá Negra

Para explicarlo de manera que todos podamos entenderlo: el principal problema de Mamá Negra está concentrado en su hígado y su sistema biliar, que están sufriendo una inflamación muy fuerte. Esto genera una reacción en cadena que afecta a otros órganos de manera secundaria.



4.1 El hígado: el centro del problema

El hígado es el gran laboratorio del cuerpo: filtra toxinas de la sangre, produce proteínas esenciales, procesa la bilirrubina (un pigmento amarillo que resulta de la destrucción normal de glóbulos rojos) y fabrica bilis para digerir las grasas. Cuando el hígado enferma gravemente, todo este sistema colapsa.

En el caso de Mamá Negra, los estudios muestran un hígado agrandado con textura irregular, señal de inflamación intensa, y las pequeñas cañerías internas por donde debería circular la bilis aparecen dilatadas porque la bilis no puede fluir con normalidad. Esto es lo que los veterinarios llaman síndrome hepatobiliar severo.

4.2 La bilirrubina: el número que lo explica todo

El dato más alarmante del análisis de sangre es la bilirrubina: el valor normal máximo en un perro es 0,60 mg/dL. Mamá Negra llegó al diagnóstico con 28,60 mg/dL, es decir, casi cincuenta veces el valor normal. Este exceso de bilirrubina en sangre provoca la coloración amarillenta en sus mucosas (ojos, encías), las náuseas, el decaimiento y la inapetencia.

4.3 El líquido en el abdomen (ascitis)

Cuando el hígado está tan inflamado, la sangre no puede circular bien a través de él. Esto genera presión y hace que el líquido se filtre hacia el interior del abdomen, una situación conocida como ascitis. El líquido comprime los órganos internos, dificulta la respiración y genera malestar. La extracción mediante jeringa (paracentesis) alivia ese malestar y le permite respirar y moverse con mayor comodidad.

4.4 Los riñones y el resto del organismo

Los riñones presentan una inflamación leve y secundaria. No están fallando gravemente, pero trabajan bajo mucho estrés porque el hígado ya no puede filtrar correctamente las toxinas que circulan por la sangre. El estómago y los intestinos también están irritados, lo que explica la falta de apetito. El bazo está levemente agrandado como respuesta a la inflamación general.

4.5 Las causas posibles

Los veterinarios apuntan a dos hipótesis no excluyentes:

      La picadura de una garrapata que puede haber desencadenado una infección silenciosa. Aunque no se observó la garrapata directamente, es una deducción epidemiológicamente válida, dado que enfermedades transmitidas por estos parásitos pueden provocar hepatitis aguda e inflamación severa.

      Una predisposición genética o congénita relacionada con su raza. Los Doberman tienen una tendencia hereditaria a acumular cobre en el hígado, lo que puede dañar las células hepáticas de manera progresiva y silenciosa hasta alcanzar un punto de descompensación. Es posible que esta base preexistente haya permanecido sin síntomas durante años hasta que el cuadro actual la desencadenó.

 

Lo más probable es que ambos factores hayan contribuido: una predisposición genética que fue activada o agravada por un evento infeccioso externo.

4.6 Los valores del análisis de sangre en palabras simples

      Glóbulos rojos y hemoglobina: levemente bajos. Tiene una anemia leve que explica parte del cansancio y la debilidad. Es esperable en enfermedades crónicas.

      Glóbulos blancos (defensas): dentro del rango normal. Buena noticia: el cuerpo no está desbordado por una infección bacteriana masiva.

      Plaquetas: normales. Muy importante, porque las enfermedades por garrapata suelen destruir las plaquetas. Que estén bien es una señal positiva.

      Fosfatasa alcalina (FALP): 3.079 U/I, con un máximo normal de 128. Esta enzima se dispara cuando las vías biliares dentro del hígado están muy inflamadas o semi-obstruidas. Confirma la gravedad del cuadro hepático.

 

El momento de la ecografía

V. La alimentación: pilar fundamental del tratamiento

En un perro con insuficiencia hepática severa, la alimentación no es un detalle secundario: es parte central del tratamiento. El objetivo es triple: mantener el peso y la energía, reducir el trabajo del hígado al mínimo posible, y evitar que se acumulen toxinas que el hígado ya no puede procesar.

5.1 Royal Canin Hepatic: el alimento terapéutico

El Royal Canin Hepatic es un alimento medicado, formulado específicamente para perros con problemas hepáticos graves. No es un alimento comercial ordinario: fue diseñado para hacer exactamente lo que Mamá Negra necesita.

Por qué es el alimento indicado:

      Proteína de origen vegetal (soja): Las proteínas vegetales son más toleradas por un hígado enfermo porque producen menos toxinas durante su digestión. Esto reduce el riesgo de que se acumulen sustancias dañinas en la sangre que puedan llegar al cerebro (lo que se conoce como encefalopatía hepática).

      Bajísimo contenido de cobre: El hígado enfermo no puede eliminar el cobre por la bilis. Si hay demasiado cobre en la dieta, se acumula en las células del hígado y las destruye. Este alimento lo limita al mínimo indispensable. Esto es especialmente importante dado el componente genético de Doberman.

      Alto contenido de zinc: El zinc compite con el cobre para que el cuerpo lo absorba menos. Además, actúa como antioxidante y protege las células hepáticas del daño.

      Vitaminas E y C, taurina y luteína: Este conjunto de antioxidantes ayuda a neutralizar los elementos dañinos que están destruyendo las células del hígado durante el cuadro agudo.

      Alta densidad energética: Permite que porciones pequeñas aporten las calorías necesarias. Esto es clave porque Mamá Negra tiene el abdomen presionado por el líquido y no puede comer grandes cantidades de una sola vez.

      Sodio controlado: Ayuda a no retener más líquido en el abdomen, complementando el efecto de la paracentesis.

      Fósforo controlado: Protege los riñones, que ya están trabajando bajo estrés.

5.2 La dieta casera complementaria

Además del Royal Canin Hepatic, Mamá Negra recibe una porción de arroz con 200 gramos de carne magra o pechuga de pollo. Esta combinación es adecuada como complemento:

      El arroz aporta carbohidratos de digestión muy fácil, sin sobrecargar el sistema digestivo.

      El pollo o la carne magra aportan proteínas de calidad con poco contenido graso. El exceso de grasa es perjudicial porque requiere bilis para ser digerido, y la vesícula biliar de Mamá Negra ya está muy congestionada.

      Sin embargo, la dieta casera sola no alcanza: no tiene las vitaminas, minerales y nutrientes específicos que necesita un hígado enfermo. Por eso el Royal Canin Hepatic es indispensable y no es solo un complemento, sino el núcleo de la alimentación.

5.3 Nutripet Pasta (John Martin)

Tres veces al día, Mamá Negra recibe aproximadamente 3 gramos de esta pasta concentrada y altamente palatable. Sus funciones son:

      Aportar energía rápida y revertir el balance negativo causado por el adelgazamiento de los últimos dos meses.

      Estimular el apetito: la bilirrubina alta suele causar náuseas y falta de ganas de comer. La pasta, por su sabor intenso, ayuda a que Mamá Negra quiera comer.

      Aportar vitaminas del complejo B, que el hígado enfermo consume rápidamente y no puede almacenar de forma eficiente.

Para optimizar su absorción, es preferible dársela directamente o sobre una cucharada pequeña de arroz antes de las comidas principales, sin mezclarla con porciones grandes de alimento.

5.4 Las vitaminas del complejo B: un punto crítico

Uno de los problemas invisibles pero importantes en la insuficiencia hepática es el agotamiento rápido de las vitaminas del complejo B (B1, B2, B6, B9, B12, entre otras). El hígado sano las almacena y activa; el hígado enfermo no puede hacerlo. Además, cuando se extrae líquido abdominal o se administran diuréticos, estas vitaminas hidrosolubles se pierden junto con los fluidos corporales.

La consecuencia es que su falta agrava la falta de apetito, la debilidad y la anemia.

Estrategias para compensar este déficit:

      Mantener el Nutripet Pasta como fuente regular de complejo B.

      Consultar con el veterinario la aplicación de complejo B inyectable: cuando hay tanta inflamación intestinal, el cuerpo absorbe muy poco de lo que se da por la boca. La vía inyectable garantiza disponibilidad inmediata del 100%.

      Incorporar yema de huevo duro (media yema desmenuzada en el arroz, día por medio): la yema aporta colina, que ayuda al hígado a manejar las grasas sin acumularlas. No se usa la clara para evitar exceso de proteínas.

      Usar el caldo de la cocción del pollo (sin sal, sin ajo, sin cebolla) para humedecer el Royal Canin Hepatic: aporta vitaminas B de forma líquida, hidrata y hace el alimento más atractivo cuando está selectiva.

5.5 Frecuencia y forma de alimentación

Dado que el líquido abdominal comprime el estómago y reduce su capacidad, es fundamental no darle porciones grandes de una sola vez. La recomendación es:

⚠ Dividir la cantidad diaria total en 4 o 5 comidas pequeñas a lo largo del día. Esto facilita la digestión, mejora la absorción de nutrientes y evita que el estómago se sature.

 

VI. El tratamiento médico

6.1 Fluidoterapia (suero endovenoso)

Al momento del diagnóstico, se administró suero directamente en vena durante el primer día. El objetivo fue limpiar los riñones de las toxinas que el hígado no estaba filtrando, mejorar la circulación sanguínea y estabilizar el organismo antes de continuar con el tratamiento.

6.2 Antibiótico: Ampicilina Sulbactam

Durante los dos días siguientes al diagnóstico, se administró una ampolla diaria de Ampicilina Sulbactam 1,5 g por vía endovenosa. Para entender por qué se eligió este antibiótico y no otro:

      El hígado inflamado pierde su capacidad de filtrar bacterias que normalmente vienen del intestino. Sin esa barrera, cualquier bacteria puede invadir el tejido hepático o el líquido abdominal.

      El líquido acumulado en el abdomen es un ambiente ideal para que crezcan bacterias. Si se infecta, puede provocar una peritonitis (infección grave de la cavidad abdominal), que en pacientes hepáticos es frecuentemente fatal.

      El sulbactam que acompaña a la ampicilina actúa como un escudo: neutraliza la defensa que tienen muchas bacterias para destruir los antibióticos, permitiendo que la ampicilina actúe con plena eficacia.

El resultado esperado de este ciclo fue esterilizar el tejido hepático y el líquido abdominal, frenar cualquier proceso infeccioso activo y dejar el terreno preparado para que la paracentesis y la dieta pudieran hacer su trabajo.

6.3 Paracentesis (extracción del líquido abdominal)

Mediante una jeringa y un catéter, se extrajo el líquido acumulado en la pancita de Mamá Negra. No es una cura sino un alivio necesario: sin esa presión, puede respirar mejor, moverse con más comodidad y comer con mayor facilidad. Dependiendo de la evolución, puede ser necesario repetirlo.

 

VII. Seguimiento y próximos pasos

El control del 4 de junio de 2026 permitirá evaluar:

      Si el líquido abdominal se está volviendo a acumular y a qué velocidad.

      Si los parámetros de bilirrubina y función hepática muestran alguna mejoría respecto al diagnóstico.

      Si el antibiótico endovenoso debe continuarse en versión oral o si el tratamiento se enfoca ya exclusivamente en el soporte hepático y nutricional.

      Si se requiere suplementación inyectable de complejo B.

Es importante registrar en este documento cada nueva información que surja de los controles, para contar con una historia clínica completa que acompañe a Mamá Negra a lo largo de su evolución.

 

VIII. A modo de conclusión: el cuidado como ontología compartida

Mamá Negra tiene que vivir para que podamos estar aqui, juntos.
También con Chocolate, Malko y la gata Blanca Nieves.
Como no pude estar antes con "Cirujita". El fue un perrito de otro tiempo
en mi vida.  

Estas palabras son más que un registro médico. Me propongo registrar la historia de  un vínculo, de una decisión de cuidado que se tomó el domingo 3 de mayo de 2026 en una ruta entre Salta y Los Pozos, con música de los años ochenta y dos perros que dormían tranquilos en el asiento de atrás.

Cuidar a Mamá Negra implica reconocer que su vida y la mía están entrelazadas de un modo que excede la simple tenencia de mascotas. Hay en ese cuidado algo que la filosofía contemporánea llama ontología de la continuidad: la idea de que los humanos y los no humanos no somos entidades separadas que ocasionalmente se cruzan, sino seres que nos constituimos mutuamente a través de las relaciones que tejemos. Mamá Negra no vive junto a mí: vivimos juntos, cada uno transformado por la presencia del otro.

El esfuerzo de hacerla vivir —los controles, la dieta cuidadosa, las dosis exactas, las comidas divididas en cuatro o cinco veces, el caldo de pollo sobre el balanceado, la atención a sus señales— es también un esfuerzo por vivir con ella, por habitar un mundo en el que su bienestar importa tanto como el mío. Ese es el sentido profundo de este registro: no solo documentar una enfermedad, sino dar cuenta de una forma de estar en el mundo que reconoce en el cuidado su expresión más genuina.

Mamá Negra tiene por delante un camino difícil. Pero tiene también a alguien que eligió recorrerlo con ella.

 

Fernando Ragone

Salta, junio de 2026